cesárea y suelo pélvico

¿Por qué recuperar el suelo pélvico tras una cesárea?

Recuperar el suelo pélvico tras una cesárea es también muy importante. Resulta obvio que el paso del bebé por el canal del parto hace que nuestro periné sufra en mayor o menor medida, por eso, cada día son más las mujeres que acuden a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico para realizar una valoración postparto sobre todo si este ha sido instrumentado (con fórceps o ventosas) o si presentan signos de incontinencia y/o dolor en la cicatriz de la episiotomía o desgarro.

Pero, ¿y en el caso de las cesáreas?, ¿por qué damos por hecho de que nuestro suelo pélvico se encuentra en buen estado?

En el post de hoy, veremos tras la cesárea además de problemas de suelo pélvico, también nos podemos encontrar con otro tipo de lesiones que afecten a nuestra calidad de vida.

¿Cómo afecta una cesárea al suelo pélvico?

  1. Debilidad de Suelo Pélvico.

Aunque el riesgo de lesión en el suelo pélvico es mayor en un parto vaginal que en una cesárea, no podemos obviar que durante el embarazo existen una serie de cambios que afectan a nuestro periné y mucho. El aumento de peso, los cambios hormonales y el desplazamiento de la pelvis hacia delante, son los causantes entre otros, de que nuestro periné se debilite durante los meses de gestación. De hecho, ya se han evidenciado cifras similares de incontinencia urinaria en mujeres que han tenido partos por vía vaginal y cesárea. Algo que nos indica claramente que recuperar el suelo pélvico tras una cesárea es importante.

  1. Adherencias y/o Queloides en la cicatriz de la cesárea.

Es importante que la cicatriz de la cesárea sea tratada desde el primer momento para evitar secuelas asociadas a una mala cicatrización. Las adherencias, queloides (crecimiento exagerado del tejido cicatrizal) pueden provocar síntomas que van desde las parestesias (alteraciones de la sensibilidad) alrededor de la cicatriz, dolor en la zona abdomino-pélvico, dolor en las relaciones sexuales y aumento del tono perineal.

  1. Debilidad de la Musculatura abdominal.

Toda mujer que ha pasado por una gestación tiene un riesgo importante de padecer diástasis abdominal y debilidad de la musculatura profunda (transverso del abdomen); pero en el caso de la cesárea, además contamos con una lesión importante en la zona del bajo vientre que tenemos que proteger de las hiperpresiones abdominales que realizamos al toser, estornudar o cargar algunos objetos pesados.

  1. Hipertonía Diafragmática.

En el tercer trimestre de gestación, por el empuje de las vísceras abdominales, el diafragma torácico se eleva y pierde parte de la movilidad.

Esto genera un aumento de la tensión en la musculatura diafragmática que en ocasiones persiste tras la cesárea.

La hipertonía diafragmática puede provocar dolor lumbopélvico al aumentar la presión en la cavidad abdominal y dispareunias (dolor en el coito con penetración) por un aumento del tono perineal.

¿Qué debemos hacer tras la cesárea?

  • Evitar cargar objetos pesados y evitar abdominales o ejercicios hiperpresivos al menos durante el primer mes tras la cesárea.
  • Realizar ejercicios respiratorios para movilizar el diafragma.
  • Acudir a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico pasada la cuarentena para valorar el estado de la cicatriz, la musculatura abdominal y perineal.
  • Masajear, movilizar e hidratar la cicatriz una vez retirada las grapas o al caerse la costra.
  • Realizar ejercicios de kegel para fortalecer el suelo pélvico.
  • Fortalecer la musculatura abdominal profunda con ejercicios de bajo impacto en un primer momento e ir progresando en intensidad, según dicte el profesional que os guie.

Este artículo ha sido escrito por Elena Valiente, fisioterapeuta diplomada por la universidad Europea de Madrid especialista en Suelo Pélvico.

 

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